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Compendio de leyendas

Spanish Institute of Puebla

LEYENDAS DE PUEBLA

La Fundación de Puebla

Historias de Ángeles y Ciudades

author01 Spanish Institute of Puebla

Cuenta la leyenda que el 28 de septiembre de 1530, Fray Julián Garcés, Obispo de Tlaxcala -- un día antes de la fiesta de San Miguel Arcángel-- soñó con un valle verde rodeado de ríos sobre el que descendían varios ángeles, que traían entre sus manos hilos de oro, los que trazaban una ciudad, con calles rectas y manzanas perfectamente rectangulares.

Un día, al pasar por el valle que hoy ocupa la parte más antigua de la Ciudad de Puebla, Fray Julián se dio cuenta de que ese era el lugar con el que había soñado. Entonces inició con todo lo necesario para fundar en ese lugar la "Puebla de los Ángeles"

Así después de algún tiempo, celebró una misa el día 16 de abril de 1531, con la que fundó esta Ciudad. La leyenda dice que así comenzó la historia de la hermosa Ciudad de Puebla.

La Leyenda de los Volcanes

El amor lo vence todo

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Una vez existió un valeroso y bravo guerrero, luchador de uno de los imperios más grandes que la humanidad ha visto, enamorado de una hermosa doncella que se encontraba capturada.

El nombre de este gran combatiente era Popocatépetl, quien se había enterado que sacrificarían a la doncella de nombre Iztaccíhuatl, para que las cosechas del imperio fuesen mejores ese año.

El día del sacrificio estaba cerca y el valeroso combatiente sentía latir su corazón ya que la doncella también quería corresponder a su amor. La noche anterior a la ceremonia de sacrificio, Popocatépetl se acercó para liberar a Iztaccíhuatl.

En la escapatoria una de las flechas enemigas hirió gravemente a Iztaccíhuatl. Cuando el bravo guerrero se dio cuenta del profundo daño que su amada tenía en el pecho, la tomó entre sus brazos y se la llevó hasta un campo alejado, para que nadie pudiese hallarlos.

Al paso del tiempo la nieve de aquel lugar cubrió sus cuerpos sin que nadie supiera nada de ellos. Así, velando el sueño de su amada, y sin que los dos se dieran cuenta, ella durmió eternamente. El valeroso guerrero murió de tristeza al verse sin Iztaccíhuatl. Desde entonces, los dos descansan unidos en un sueño, unidos por un amor que lo venció todo.

La Casa Del Deán

¿Y si las paredes hablaran?

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De puro milagro, aún se conserva parte de la casa de la esquina formada por las calles 16 de Septiembre y 7 Poniente, conocida como la "Casa del Deán".

La casa, mandada a construir por el Deán de la Catedral, se terminó en 1580 como se puede ver en su fachada, por lo que es una de las más antiguas de la Ciudad.

En ese entonces, Don Tomás, que tenía mucho interés en la cultura indígena prehispánica, pidió que los muros de su casa fueran decorados con obras basadas en libros antiguos, pintadas por indígenas y españoles. Que los indígenas decoraran los muros de las primeras iglesias de México con pinturas siendo dirigidos por los frailes no era raro, pero que en una casa pasara esto ¿era muy raro!

A lo largo de los años, estas obras estuvieron en el olvido, incluso fueron cubiertas por varias capas de pintura y hasta por papel tapiz.

Pero en la década de los 50 del siglo pasado, los dueños vendieron la casa para que se construyera un cine. Afortunadamente, unos poblanos que amaban su Ciudad salvaron de la destrucción una parte de la casa, por lo que sus murales aún se pueden admirar.

Lo que hace a estas pinturas increíbles es que de todo el continente americano, son las únicas que existen en una casa y que nos muestra la mezcla que hubo en las formas de pintar entre indígenas y españoles, después de la conquista española.

La Campana de la Catedral

Una Ayuda del Cielo

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Las torres de la Catedral de Puebla siempre han impactado por su tamaño a chicos y grandes. No por nada son las torres más altas de todas las catedrales de Latinoamérica.

La torre norte, es decir, la que está rumbo al Zócalo, es la única que tiene campanas. La más grande fue llamada Santa María de la Concepción, y rebautizada después como Doña María Palafox, en honor al famoso Obispo Juan de Palafox y Mendoza.

La leyenda cuenta que cuando esta campana, que pesa más de 8 mil kilogramos, estaba lista para ser colocada en la torre, empezaron a surgir preguntas sobre la forma en que se subiría.

Y pasaron los días, las noches y no había respuesta. Entonces, sucedió el milagro. Una mañana, cuando los trabajadores que colocarían la campana llegaron al atrio de la Catedral, se dieron cuenta que ésta no estaba. Algunos pensaron que se la habían robado. Pero, ¿cómo robarse una campana tan pesada?

La buscaron por todos lados y nada. Hasta que alguien miró hacia arriba y la encontró. ¡La gran campana estaba colgada dentro de la torre!

Y entonces todos los poblanos entendieron lo que había pasado. Los ángeles se habían encargado de subir la gran campana a la Catedral que, por cierto, aún sigue ahí.

La Biblioteca Palafoxiana

5 mil libros de regalo para Puebla

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¿Sabías que en la Ciudad de Puebla se encuentra la única biblioteca antigua que aún conserva sus sillas, mesas, estantería y sobre todo sus libros antiguos? ¿Ya sabes cuál es? Es la Biblioteca Palafoxiana.

Cuando Juan de Palafox y Mendoza llegó a Puebla para ser obispo, se dio cuenta que en esta Ciudad hacían falta libros para los estudiantes del seminario. Así que decidió donar a los Colegios de San Pedro y San Juan su biblioteca formada por ¡5 mil libros!, sólo con una condición: que a cualquier habitante que supiera leer, se le permitiera entrar a consultar los libros. Eso pasó en 1649 y por eso se considera que la biblioteca Palafoxiana es la primera biblioteca pública de América.

Los obispos que llegaron después de Palafox también donaron sus bibliotecas. Además. llegaron libros de otras colecciones hasta que fue necesario construir un edificio y la estantería que aún puedes conocer.

Esta biblioteca tiene 42,556 libros, por lo que necesitarían muchísimas vidas para leerlos todos. Claro que muchos de ellos son muy difíciles de leer porque están escritos en latín, griego, árabe, toscano o hebreo. Los libros tratan de todos los temas, desde religión hasta astronomía, de arquitectura a botánica, desde cientos de biblias hasta el Quijote. También hay libros con imágenes de dragones, monstruos, unicornios, grifos, hombres lobo, caníbales y brujas.

La Palafoxiana es uno de los grandes tesoros de Puebla y del mundo, por eso en el año 2005 la UNESCO le dio el reconocimiento de "Memoria del Mundo", por considerarse uno de los lugares más importantes para conocer la historia escrita de la humanidad.

También se puede visitar la Sala Lúdica, un lugar único donde aprenderás más historias sobre la Palafoxiana y el mundo del libro antiguo de una forma divertida, como nunca lo has imaginado.

La China Poblana

Una conocida muy desconocida

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Algunos la conocen como Mirra, otros como Catarina de San Juan, pero ¿quién fue la China Poblana?

Se dice que Mirra era una princesa nacida en la India, que fue capturada por piratas y vendida como esclava en las Islas Filipinas, donde fue bautizada con el nombre de Catarina de San Juan. El comprador la llevó hasta el puerto de Acapulco a través de la Nao de China, y de ahí a la Puebla de los Ángeles, donde trabajó en una casa muy cercana al antiguo Colegio del Espíritu Santo. Después vivió en un convento hasta su muerte a los 82 años, el 5 de enero del 1688. Fue enterrada en la Iglesia del Espíritu Santo, donde actualmente está su lápida.

Fue entonces cuando empezó a correr el rumor de que Catarina podía ver a la Virgen María y al niño Jesús, por lo que los poblanos la empezaron a venerar como una santa.

Tan grande fue el problema que la mismísima Inquisición tuvo que prohibir y destruir las estampas religiosas que se habían impreso con el rostro de Catarina.

Pero ¿qué tiene que ver ella con la China Poblana?

Resulta que más de 150 años después de esto, a las poblanas les encantaba el maquillarse y usar faldas bordadas con lentejuelas de plata para llamar la atención; además de blusas con bordados muy coloridos, se les empezó a llamar "chinas", porque en ese entonces se creía que la primera mujer que usó esas faldas había sido Catarina de San Juan a quien también le decían la China.

La llamaban así porque en esa época se usaba esa palabra para cualquier persona que llegaba de Asia, sin importar su país de origen.

Así nació entonces la leyenda de una princesa esclava que llegó a la Puebla de los ángeles, conocida desde entonces como la China Poblana.

La Capilla del Rosario

La Octava Maravilla del Mundo

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Era el año de 1650 cuando los frailes del Convento de Santo Domingo Guzmán de la Puebla de los Ángeles, decidieron construir una capilla dedicada a la Virgen del Rosario.

Al principio no se sabía cuánto tardaría la obra. Después de 40 años de arduo trabajo, el 16 de abril de 1690, se abrieron las rejas de la capilla para que los poblanos conocieran esa gran obra. Todos los que la vieron no creían lo que estaba frente a ellos.

Increíblemente la capilla brillaba de arriba abajo. Los muros fueron decorados con diseños y figuras en yeso cubierto con oro, para reflejar los rayos del sol que entran por la ventanas.

En el centro de la capilla se colocó una escultura de la Virgen del Rosario dentro de un baldaquino de madera cubierto de oro, rodeada por columnas hechas de piedra de Tecali. Sobre ella están las imágenes de Santo Domingo y del Arcángel Gabriel.

La fiesta de esta capilla duró varios días, y fue tanto el asombro que a los pocos meses apareció un libro con un título que explica lo que es esta capilla: "La Octava Maravilla del Nuevo Mundo: la Capilla del Rosario en Puebla".

Por cierto, el único ejemplar que se conoce de este libro se conserva en la Biblioteca Palafoxiana.

La Casa de Alfeñique

Un gran regalo para la mujer amada

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"Para casarme contigo, quiero que me regales una casa de dulce", puso como condición una bella poblana a su novio, hace casi 220 años.

Pero ¿y cómo se construye una casa de dulce? El amor que él sentía por ella lo llevó a encontrar la respuesta y mandó a que el Arquitecto Antonio de Santa María Incháurregui construyera una bella casa poblana de tres niveles en la esquina de las actuales calles de 4 Oriente y 6 Norte.

Y para que la gran casa cumpliera con la condición de la novia, pidió que se decorara su exterior e interior con yeso, como si fuera un antiguo dulce parecido al turrón, elaborado con pasta de azúcar y almendras, llamado "alfeñique."

Ella no pudo resistir tan hermoso regalo y aceptó ser su esposa. Por cierto, eso de "vivieron felices para siempre" parece que se cumplió, porque hasta 1926, cuando el Gobierno del Estado de Puebla creó en esa casa el Museo Regional del Estado, siempre fue habitada por familias que la cuidaron.

Gracias a esto, aún podemos admirar la gran calidad de la decoración de esta hermosa casa, la cocina y hasta la capilla doméstica.

Pero además en las salas de este museo, podrás ver pinturas de la batalla del 5 de Mayo, carruajes antiguos, pinturas y te podrás imaginar cómo vivían antiguamente las familias poblanas.

Los Chiles en Nogada

Un platillo con más de tres colores

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Cuenta la historia que después de la Guerra de Independencia nuestra bandera adoptó los colores del Ejército Trigarante al mando de Agustín de Iturbide.

Cuando Iturbide regresaba de Córdoba, Veracruz después de firmar la Independencia de México, pasó por Puebla el 28 de agosto, día de San Agustín, por lo que para celebrar su santo se le quiso ofrecer un gran banquete, nuestra Ciudad era bien conocida por la excelente sazón de las monjas, y a las del Convento de Santa Mónica se les encargó elaborar el platillo principal para festejar la llegada de Iturbide, ya que esta santa fue la madre de San Agustín, así que todo encajaba a la perfección.

A las monjas se les ocurrió que se podrían elaborar un platillo que simbolizara la bandera trigarante.

Los ingredientes básicos de este platillo eran representativos del Estado de Puebla: el chile poblano, la nuez de castilla y el relleno que fue elaborado con una mezcla de frutas de todas las regiones.

Siguiendo la tradición de los sabores barrocos, que son una mezcla entre lo picante, lo dulce y lo salado, las monjas rellenaron los chiles con un guiso de frutas que consistía de manzana, chabacano, pera, almendras, pasas y ciruelas. Y pensaron que sería bueno disminuir el picor del chile poblano con una salsa preparada a base de nuez de Castilla, a la que llamaron nogada.

Una vez relleno el chile, fue cubierto con la nogada que representa el blanco de la bandera. El platillo se decoró con ramitas de perejil que simboliza el verde, y para el rojo el pusieron granada, como el tercer color que integra a nuestra bandera.

El Nacimiento del Mole Poblano

Un sabroso accidente

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Alrededor del año 1730, el obispo de Puebla decidió supervisar todo lo que sucedía en cada uno de los conventos de la Ciudad. Esto causó una gran expectación pues a él le gustaba revisar todo a la perfección, sin que un solo detalle quedase suelto.

En cada uno de los conventos de Puebla todo estuvo listo para la visita del obispo. En el Convento de Santa Clara se estaba preparando uno de los mejores platillos con guajolote y una salsa picante.

Se tenía una variedad enorme de ingredientes, entre ellos estaban el plátano macho, el ajonjolí, las almendras, el cacahuate, las pasas; sin faltar los chiles mulato, pasilla y chipotle. Con todo esto se había preparado una salsa para bañar al guajolote.

El obispo estaba por llegar al convento. La cocinera estaba tan nerviosa que no podía dejar de dar órdenes y de correr de un lado a otro para verificar que todos los platillos estuvieran perfectamente. En el ir y venir, no se percató que una de las mesas, la que estaba más cercana a la salsa en el fuego y en la que estaba preparándose el guajolote, estaba llena de chocolate que se utilizaría para uno de los postres. Sin querer tropezó con la mesa, entonces los chocolates y otros ingredientes volaron y la salsa se volvió aún más espesa.

Arreglar este accidente fue imposible. Las monjas no tuvieron más remedio que servir el platillo, tal y como había quedado después de que el chocolate había caído en la salsa, esperando a que las regañaran.

Pero su sopresa fue más grande cuando en lugar de un regaño recibieron una felicitación de parte del obispo. Gracias a este sabroso accidente, se cocinó uno de los platillos poblanos más famosos en México y en el Mundo: el sabrosísimo Mole Poblano.

Fuente de los Muñecos

Una historia enigmática

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En el barrio de Xonaca, un lugar rodeado de calles estrechas y empedradas pero muy lindas se ubica para ser exactos entre la 22 Oriente y 18 Norte la “Fuente de los Muñecos”; una fuente que encierra una de las más grandes y enigmáticas historias de la ciudad, cuyo único recuerdo de lo que ocurrió son las leyendas que los vecinos te cuentan y por supuesto la misma fuente.

Este lugar también era llamado en aquellos tiempos barrio de los catrines porque la gente adinerada de todas partes de México construía sus denominadas “quintas” de verano para que sus visitas llegadas principalmente de Europa pasaran unos días de descanso.

Una de las residencias que queda como vestigio de esa época de prosperidad es la que se ubica frente a la iglesia de “La Candelaria”, pues fue ocupada por la emperatriz Carlota. Pasado el tiempo también construyó su residencia veraniega el ex presidente de México, Manuel Ávila Camacho.

Y es en ese escenario donde cuenta la leyenda que se veía por la zona a dos hermanitos muy queridos y conocidos siempre juntos de aproximadamente 6 y 7 años; eran los hijos de un caballerango que trabajaba en el rancho del entonces gobernador de Puebla Máximino Ávila Camacho. Un día lluvioso los pequeños e inseparables hermanos, salieron de casa para dirigirse a la escuela, sin embargo, al caer la tarde sus padres no los vieron regresar. Inmediatamente los padres con la ayuda de otros lugareños del barrio de Xonaca buscaron a los pequeños sin conseguir éxito alguno, por lo que dedujeron que habían caído en un pozo cercano a la casa del general Ávila Camacho sin embargo nunca fueron encontrados.

Cuentan entonces que la fuente se construyó por órdenes del general y gobernador en ese tiempo, en honor a los hermanitos.

Desde entonces hay muchísimos relatos a cerca de estos inseparables hermanos, que las figuras cobran vida por las noches, que todavía se escuchan las voces, risas y los juegos de los pequeños, sea verdad o mentira el relato, no cabe duda, que esta historia le sigue dando vida a la fuente de los muñecos. Actualmente la podemos ver algo descuidada, incluso al pequeño le falta parte del brazo y la sombrilla que los cubría de la lluvia.

LEYENDAS DE MÉXICO

La Llorona

Leyendas Mexicanas

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Es una de las más famosas Leyendas Mexicanas, que ha dado la vuelta al mundo, se trata de La Llorona, la cual tiene sus orígenes desde el tiempo en que México fue establecido, junto a la llegada de los españoles.

Se cuenta que existió una mujer indígena que tenía un romance con un caballero español, la relación se consumó dando como fruto tres bellos hijos, a los cuales la madre cuidaba de forma devota, convirtiéndolos en su adoración.

Los días seguían corriendo, entre mentiras y sombras, manteniéndose escondidos de los demás para disfrutar de su vinculo, la mujer viendo su familia formada, las necesidades de sus hijos por un Padre de tiempo completo comienza a pedir que la relación sea formalizada, el caballero la esquivaba en cada ocasión, quizás por temor al qué dirán, siendo él un miembro de la sociedad en sus más altos niveles, pensaba mucho en la opinión de los demás y aquel nexo con una indígena podría afectarle demasiado su estatus.

Tras la insistencia de la mujer y la negación del caballero, un tiempo después, el hombre la dejó para casarse con una dama española de alta sociedad. La mujer Indígena al enterarse, dolida por la traición y el engaño, totalmente desesperada, tomó a sus tres hijos, llevándolos a orillas del rio, abrazándolos fuertemente con el profundo amor que les profesaba, los hundió en el hasta ahogarlos. Para después terminar con su propia vida al no poder soportar la culpa de los actos cometidos.

Desde ese día, se escucha el lamento lleno de dolor de la mujer en el río donde esto ocurrió. Hay quienes dicen haberla visto vagando buscando desesperada, con un profundo grito de dolor y lamento que clama por sus hijos.

La culpa no la deja descansar, su lamento se escucha cerca de la plaza mayor, quienes miran a través de sus ventanas ven una mujer vestida enteramente de blanco, delgada, llamando a sus hijos y que se esfuma en el lago de Texcoco.

Las Momias de Guanajuato

Leyendas Mexicanas

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La presencia de nitrato y alumbre, y otras condiciones del subsuelo de Guanajuato, ocasionaron que decenas de cuerpos se hayan momificado.

Sucedió que entre 1865 y 1989 fueron exhumados más de cien cuerpos, lo anterior pues las familias no habían pagado para mantener los cuerpos en los suelos de los cementerios. Cuando se hicieron los desentierros, sobre todo del Panteón de Santa Paula, aparecieron decenas de cuerpos momificados por el motivo que anteriormente describimos.

Sin embargo, muchas de las momias parecen llevar un halo de dramatismo en el rostro, lo que ha llevado a la creación de leyendas en torno a este macabro hecho, que se conserva en el popular Museo de las Momias de Guanajuato.

Cuenta la leyenda más conocida que en 1830 en la ciudad se propagó una peste entre cuyos efectos se encontraba la paralización del organismo; las personas desconociendo lo anterior enterraban lo antes posible los cuerpos con el fin de que no contagiasen a más personas. Sin embargo, los “difuntos” no estaban realmente muertos, sino en un estado parecido a un parálisis generalizado.

De este modo muchas víctimas de la peste, ya enterradas, despertaban dentro de los ataúdes y morían asfixiadas, no sin antes vivir una indecible desesperación. Por ello, se dice, que tantas momias de las exhibidas, en sus rostros parecieran expresar sufrimiento atroz. La anterior es una teoría no muy descabellada luego de recorrer estos rostros, aunque hoy se sabe que la retracción del tejido en el área de la boca hace que luzcan así sus expresiones.

Conejo en la Luna

Leyendas Mexicanas

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Un día el dios Quetzalcóatl decidió explorar el mundo, se convirtió en un hombre y viajo por todos los rincones del planeta asombrándose de lo grande y hermoso que era la tierra.

Un día al final de su viaje, Quetzalcóatl caminaba por una carretera, sus fuerzas estaban agotadas después de tanto caminar por el mundo, se detuvo y se sentó a un lado de la carretera, de pronto salió un pequeño conejo, quien observo cuidosamente a Quetzalcóatl y decidió acercarse a él sin saber que él era un dios.

El pequeño conejo se acercó y pregunto qué era lo que sucedía, y Quetzalcóatl contesto que se sentía cansado y hambriento, entonces el conejo le ofreció de su comida pero Quetzalcóatl no comía plantas, entonces el conejo se detuvo a pensar un momento y después le dijo a Quetzalcóatl que no tenía nada más que ofrecer, que solo era un pequeño conejo sin importancia y que se lo comiera a él, que sin duda eso le ayudaría a recuperar sus fuerzas.

Después de escuchar ese noble gesto Quetzalcóatl regreso a su forma original y levanto aquel conejo y lo arrojo al cielo, al hacerlo su figura se quedó reflejada en la luna. Cuando bajo el conejo Quetzalcóatl le dijo, que tal vez era solo un pequeño conejo, pero que de ese día en adelante todos lo recordarían al ver su figura marcada en la luna.

El Charro Negro

Leyendas Mexicanas

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Adela era una joven despreocupada para su época, mientras las mujeres permanecían en casa atendiendo a los hombres de su familia, ella prefería la vida sin compromisos, vagaba ya entrada la noche en quien sabe donde, a pesar de la preocupación de sus padres.

Una de tantas noches, se encontró en su camino con un hombre alto, de aspecto elegante, de impecable traje negro compuesto por una chaqueta corta, una camisa, un pantalón ajustado y un sombrero de ala ancha. Circulaba a lomo de un caballo enorme y de color azabache. Que impresionó a la joven al instante por su gran porte, mirada elocuente y palabras cálidas.

Tras una amable conversación Adela aceptó aligerar el viaje y consintió a montar el caballo. En el justo instante que ella estuvo en el lomo del animal, este creció el doble de su tamaño, ardiendo en llamas, le impidió el escape, al escuchar los gritos de espanto de la joven, algunos salieron en su auxilio, solo para darse cuenta de que ella era ya propiedad del Diablo, que en forma de charro negro cabalgaba todas las noches por los alrededores de la Ciudad de México en busca de un alma incauta que llevar a sus dominios.

Por ella no pudo hacerse nada, solo la vieron arder en llamas sobre el caballo, ahogándose en sus propios gritos de dolor y desesperación.

Nada malo puede decirse del Charro Negro si el viajero se limita a permitir su compañía hacia su lugar de residencia; si se acerca el amanecer, se despedirá cortésmente y se marchará lentamente, al igual que si el sendero que recorre lleva a las cercanías de una iglesia.

Y así la leyenda del Charro Negro fue una de las leyendas más temidas en la época de los abuelos.

Callejon del Beso

Leyendas Mexicanas

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El callejón del beso es una hermosa leyenda de amor que como la mayoría de las leyendas termina con un final trágico, aunque no triste, pues el mensaje es realmente bello. Resulta que hace muchos años vivía una joven muy hermosa llamada Carmen, ella era hija de un anciano hacendado venido a menos que ya casi no poseía fortuna, por eso todas sus esperanzas de un futuro mejor estaban depositadas en su hija, a la cual pretendía casar con alguno hombre rico para así poder mejorar su propia fortuna.

El problema ocurrió un tiempo después, cuando el padre de la joven descubrió que su hija tenía un amor clandestino con un hombre llamado Luis, el cual la había cortejado en un templo cercano al hogar de la muchacha, desde entonces mantenían pequeñas reuniones secretas en donde disfrutaban brevemente de la compañía del otro, gozaban de un verdadero amor puro que iba más allá de los impedimentos temporales, por tal motivo hasta se atrevieron a soñar con casarse en un futuro lejano. El padre de Doña Carmen descubrió esta situación y enloqueció de rabia, pues su hija era su esperanza de conseguir dinero y riquezas, el joven Luis estaba lejos de poder ofrecer todas las cosas que el padre de Carmen pretendía conseguir, por lo tanto decidió encerrarla en su casa, le prohibió pues a su hija que volviera a ver a Luis, asimismo le dijo que no volvería a salir de su casa hasta que le pudiera conseguir un buen marido viejo y rico proveniente de España, si ella desobedecía a estas órdenes la metería inmediatamente en un convento o algo peor.

Luis permaneció un tiempo con su corazón completamente devastado y sin saber qué hacer, un día recorrió el camino cerca de la casa de Carmen y se percató de un curioso callejón que pasaba justo al lado de la casa de la muchacha, este callejón era extrañamente angosto y uno podía alcanzar las paredes de ambos lados del callejón al mismo tiempo solo estirando los brazos, entonces se le ocurrió un brillante plan. Realizó algunas investigaciones averiguó quien era el dueño de la casa antigua que estaba frente aa la de su amada y luego decidió comprar la propiedad. Así un día Carmen observó sorprendida desde su balcón a su amado en laventana de la casa de enfrente, sin pensarlo dos veces corrió a su encuentro y allí se dieron la mano, comenzaron a decirse las cosas más bellas, pero el padre de Carmen observaba lo que ocurría desde la calle, ingresó corriendo en la propiedad, empujó a la criada lejos de la puerta de la alcoba de su hija y entro con una daga en la mano que descargó con furia en el pecho de de su hija Carmen. Luis veía horrorizado lo que sucedía pero en ningún momento soltó la mano de su amada, en cambio la apretó con fuerza y sintió como cada vez tenía menos fuerza, menos color y menos calor, estaba ya muy fría y el joven depositó el más tierno beso de amor en la mano de su amada que se encontraba ya sin vida.

Puerto de San Blas

Leyendas Mexicanas

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En el pequeño Puerto de San Blas, en Nayarit, hay un viejo edificio conocido hoy como “La Contaduría”, en tiempos pasados fue un famoso fuerte, levantado en 1768 por el Rey Carlos III. Era una mansión de los barcos destinados a California y Sonora allá por las épocas de conquista.

Aunque el Fuerte fue abandonado por muchos años, sigue de pie, conservando entre sus paredes aquellos momentos de gloria y sufrimiento. Este sitio fue pisado por Hernán Cortes y por el cura más joven de la historia José María Mercado. En épocas de independencia se guardaban en el fuerte más de 500 cañones, en la actualidad solo se conservan ocho de ellos. Había también muchas otras armas que sirvieron de apoyo a Miguel Hidalgo en la batalla.

Entre tantos muertos, uno de ellos fue precisamente el joven cura que en una batalla cayó al barranco muriendo al instante. Lo curioso del hecho que rodea el lugar, es que a pesar de todas aquellas muertes violentas en tiempos de guerra, no hay un solo dato de que el fantasma que ronda los corredores tenga relación con la historia previa del lugar.

Una mujer vestida de blanco se pasea por los pasillos, de forma tranquila, va y viene a cualquier hora, sin molestar a ninguno de los guardias que custodian el lugar, que aunque no tengan contacto directo con la aparición, si sienten cierto temor a lo desconocido.

Tal vez el hecho anterior no levante muchos sustos, pero lo que ha ganado la renuncia de muchos vigilantes, ha sido lo que sucede en el camino que recorren para llegar al fuerte, muchos de ellos tienen que salir o entrar ya caída la noche, se encuentran entonces rodeados de gritos, mientras caminan son seguidos por caballos y carretas, que solo escuchan pero no pueden ver, y se topan con un monje que siempre va de a camino a una de las Iglesias en ruinas en el camino al fuerte.

Una leyenda poco conocida fuera de sus alrededores, pero sin duda inquietante, no saber de dónde viene el fantasma de aquella mujer.

El Puente del Clerigo

Leyendas Mexicanas

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Allá por el año de 1649 ocurrió esta verídica historia transformada por los años en macabra leyenda. Por el rumbo de los llanos en la parcialidad de Santiago Tlatelolco; cruzando el puente de Texontlali, en una casa muy elegante, vivía el religioso don Juan de Nava, que tenía a su cuidado una sobrina muy linda, llamada doña Margarita Jáuregui. La cual conoció en una fiesta de sociedad a un caballero portugués de muy buena presencia y malas maneras llamado don Duarte de Zarraza, quien la enamoró fácilmente.

El cura prohibió terminantemente aquel amorío, pues conocía la fama de mujeriego del portugués, pero sus reclamos fueron ignorados y los enamorados se veían en secreto. Dos veces el religioso Juan de Nava habló con Duarte en tono violento prohibiéndole que se acercara tan solo a su casa o al puente, pero en contestación recibió una blasfemia, burlas. Y tanto se opuso el sacerdote a esos amores y tantas veces reprendió a la sobrina y a Zarraza, que este decidió quitar del medio al clérigo, porque según dijo, nadie podía oponerse a sus deseos.

El perverso portugués decidió matar al clérigo el 3 de abril, ya caída la tarde lo vio venir por el puente y se acercó, no se sabe que discutieron, pero de pronto, Duarte de Zarraza sacó un puñal con su escudo grabado y lo clavó de un golpe furioso en el cráneo al cura. El Fray de Nava cayó herido de muerte y el portugués lo arrastró unos cuantos pasos y lo arrojó a las aguas lodosas debajo del puente.

Acto seguido el culpable se ocultó para después huir a Veracruz, en donde permaneció cerca de un año.

Pasado ese tiempo, el portugués regresó, decidió ir a ver a Margarita, para pedirle que huyera con él, ya que estaba muerto el cura su tío. Esperó la noche y se encaminó hacia el puente, pero no pudo pasarlo, de hecho jamás llegó a cruzarlo vivo. Lo descubrieron muerto, horriblemente desfigurado el rostro por una mueca de espanto, como espanto sufrieron los descubridores, ya que don Duarte de Zarraza yacía estrangulado por un horrible esqueleto cubierto por una sotana hecha jirones, manchada de lodo y agua pestilente.

Las manos descarnadas de aquél muerto, estaban pegadas al cuello de Zarraza, mientras brillaba a los primeros rayos del sol de la mañana, la hoja de un puñal que estaba clavada en su cráneo.

No había duda, el clérigo había salido de su tumba pantanosa en la que permaneció todo el tiempo que el portugués estuvo ausente y al volver a la ciudad emergió para vengarse.

El Difunto Ahorcado

Leyendas Mexicanas

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El domingo 7 de marzo de 1749, en la Ciudad de México, por el Palacio del Arzobispado; los habitantes vieron pasar a una mula, en la que iba montado un indígena y este sostenía a un caballero para que no se cayera. Tal caballero era el cadáver de un portugués y haciéndoles compañía iba a su lado el pregonero, a la usanza de la época, tocando la trompeta para hacer público el delito que dicho hombre había cometido.

Los habitantes de México se enteraron que hoy día domingo, a las siete horas de la mañana, mientras oían misa los presos en la cárcel de la Corte, este hombre se hizo el enfermo, y se quedó en la enfermería; el cuál estaba en la cárcel porque había asesinado al alguacil del penal de Iztapalapa, y sin que nadie lo sospechara ni lo viera se ahorcó.

Cuando terminó la misa, lo buscaron los carceleros encontrándolo sin vida; informaron esto a los alcaldes de la Corte, los cuales hicieron las averiguaciones correspondientes para saber si había algún cómplice en este delito, se pidió licencia al Arzobispado para que se ejecutara la pena capital, a la que había sido condenado por el crimen que había cometido.

Pero ese día se festejaba el Día de Santo Tomás de Aquino y no se permitían las ejecuciones; pero por los delitos cometidos, concedió la comunidad eclesiástica se realizara en la plaza Mayor, como escarmiento para todos aquellos que cometieran los mismos actos. Todo lo presenció el pueblo, pues bien sabían que la Inquisición ponía en manos de la autoridad civil al reo, pues quemaban la imagen si se encontraba ausente, o en su caso, se desenterraban los huesos si ya estaba muerto. Después de pasear el cadáver por toda la ciudad, la comitiva y el portugués hicieron alto en la Plaza Mayor y el difunto fue ahorcado frente al Palacio Real.

Todo el procedimiento se ajustó al ajusticiamiento de los vivos, a excepción de no llevarles el Cristo de Misericordia, que era costumbre para ejecutar a los sentenciados, pero siempre y cuando no fueran suicidas o impenitente como era el caso del portugués. Después de realizada la ejecución, comenzó a soplar un viento tan fuerte que las campanas de la iglesia se tocaban solas, las capas y los vestidos de las personas presentes, así como los sombreros volaban con fuerza.

Era tal la superstición de la gente diciendo que ese aire tan fuerte era porque el portugués tenía pacto con Satanás y que ese caballero era el mismísimo diablo. La gente curiosa, se acercaba y le hacía cruces, los jóvenes lo apedrearon toda la tarde, hasta que los ministros dieron la orden de llevarse al ahorcado a San Lázaro, donde fue arrojado a las aguas sucias y pestilentes del lago

Panteón Jardines del Recuerdo

Leyendas Mexicanas

author01 Spanish Institute of Puebla

Aunque este panteón se encuentra en las afueras de la Ciudad de México (Tlalnepantla), y la siguiente leyenda se desarrolla en ese lugar, es un relato bastante increíble.

La noticia de la muerte del padre Anselmo Martínez se extendió rápidamente por toda la colonia donde vivía. Tenía 84 años de edad, de los cuales los diez últimos los había pasado en México, pues quería morir allí, de manera que pidió a su orden permiso para vivir los años de su jubilación en nuestro país. Fue quizás el sacerdote más querido; continuamente se le veía visitando enfermos y caminando por las calles de la colonia saludando a su rebaño, pues era un pastor de almas. Hasta el último día de su vida se preocupó por cumplir con sus obligaciones, repartiendo las despensas y dinero a los necesitados; en la noche entregó su alma al Creador. Fue un funeral memorable, asistió mucha gente, incluso aquellos que no formaban parte activa de la iglesia. La tristeza en el ambiente era generalizada y casi tangible. El cuerpo del padre Anselmo fue colocado cuidadosamente en el centro de la iglesia, al pie del altar, para que los feligreses rindieran un último homenaje a tan buen hombre. Toda la colonia se movilizó en autobuses, microbuses, taxis y autos particulares para acompañar al padre Anselmo a su última morada en el Panteón Jardines del Recuerdo. Nadie había visto un cortejo tan numeroso, incluso los sepultureros pensaron que el fallecido era un político, otros que un narcotraficante, pero no supieron su identidad hasta que días después, ya acomodada la tierra, se colocó la lápida que decía: «R. P. Anselmo Martínez, mantenemos sus restos entre nosotros, su alma ya con Dios está».

Tiempo después los sepultureros empezaron a notar actividad extraña cerca de la tumba del padre Anselmo, pues pese a poner tanto empeño en cuidar el pasto de la tumba, este siempre aparecía maltratado por pasos. A menudo se observaban también dos círculos, los sepultureros pensaron que quizás la gente que visitaba la tumba era la responsable de estas marcas y por ello se quedaban cerca para revisar que no pisaran el pasto. No obstante, nunca vieron a algún visitante pisar la tumba ni maltratar el pasto y mucho menos el objeto con el que marcaban los misteriosos círculos. Una noche, Vicente Cortés uno de los jardineros encargados de la sección del padre Anselmo, decidió quedarse a cuidar, pues todos creían que las marcas eran de un bromista. Nada raro vio Vicente.

Cuando casi eran las 2 de la mañana, sintió un escalofrío recorrer su cuerpo, algo helado había pasado a su lado, su piel se había erizado, sus pies inmóviles no respondieron a sus impulsos de correr. La sombra que había pasado junto a él se detuvo frente a la tumba del padre Anselmo, ante la mirada aterrorizada de Vicente, esta se arrodilló y se mantuvo así un gran rato. Vicente estaba parado en un rincón del muro donde terminaba el jardín en el que reposaban los restos del padre. Observaba en dirección a la tumba; su terror había pasado y se había convertido en curiosidad, pues ahora que sus ojos ya se habían acostumbrado a diferenciar la sombra de la oscuridad del panteón, pudo distinguir que parecía pertenecer a un hombre, pues era esbelta y alta. Después de lo que a Vicente le pareció una eternidad, la sombra se levantó y regresó; cuando paso junto a él, sintió ese frío que se colaba en sus huesos. Fue entonces que Vicente se pasó a retirar a su casa, en la parte superior del panteón. Al día siguiente, todo lo que había visto le pareció un sueño, o quizá el fruto de su imaginación. No quiso contar la historia por miedo. Al llegar al jardín para podar el pasto, se acercó a la tumba del padre Anselmo, ya no se sorprendió al encontrar los círculos y supuso que correspondían al lugar donde permanecían hincados. La noche siguiente Vicente salió de su casa, eran las 11, y así dieron las 12 en su reloj, a su lado volvió a pasar una sombra oscura, nuevamente sintió miedo, la sombra se arrodilló ante la tumba del padre Anselmo. Él se armó de valor y se acercó a escuchar, pero al oír algunos murmollos, su miedo pudo más y se echó a correr. Se dice que la bondad y el espíritu de servicio característicos del padre Anselmo, son la causa por la que muchas almas vecinas que comparten el mismo lugar de descanso buscan la confesión con el sacerdote, y entre algunos sepultureros aseguran que el alma del padre Anselmo todavía sirve a su prójimo, aún después de muerto.

Isla de las Muñecas

Leyendas Mexicanas

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Entre las diversas maravillas naturales que México alberga para satisfacción del mundo entero, existe una zona denominada Xochimilco, compuesta por casi 190 kilómetros de canales navegables, naturaleza y misticismo. Allí, 20 kilómetros al sur del D.F., entre las varias islas pequeñas que el agua deja ver, existe una macabramente célebre por su historia y, sobre todo, el paisaje aterrador… Se trata de las Isla de las muñecas, un paraje que solamente habitó Don Julián Santana Barrera durante más de 25 años y que hoy es presenta un escenario de terror, con incontable cantidad de muñecas pertrechas colgando desde los árboles.

Cuenta la leyenda que, mientras aún vivía, Don Julián se encontró un día con el cadáver de una niña, aparentemente ahogada en uno de los canales de la isla al enredarse entre los lirios de la orilla. Desde entonces, el único morador de la isla fue sistemáticamente sorprendido por lo que él mismo definió como el espíritu de la pequeña difunta, que lloraba, gritaba y se quejaba incesantemente. Atemorizado, Don Julián no tardó mucho tiempo en encontrar una solución al problema: rodeó su chinampa con muñecas de todos los tipos y tamaños para protegerse. Hoy, estas guardianas colgadas y clavadas se cuentan por miles.

Sobre los comienzos del año 2001, un envejecido Don Julián se acercó hasta uno de los canales de la isla para pescar acompañado de su sobrino. Fue entonces cuando confesó que existía una sirena de río que pretendía llevárselo desde hacía mucho tiempo. Cuando el sobrino de Don Julián regresó al canal después de ir a controlar el ganado que pastaba en las inmediaciones, se encontró con el cadáver de su tío, muerto por un infarto y caído al agua.

Desde entonces, el lugar es conocido como la Isla de las muñecas, un paraje signado por la tragedia y el misterio. Los visitantes aseguran que las muñecas allí presentes, envejecidas, con las cuencas oculares vacías y sus extremidades mutiladas, cobran vida en las penumbras y ahuyentan a los espíritus que merodean ruidosamente por el lugar.

El Jinete sin Cabeza

Leyendas Mexicanas

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La leyenda del jinete sin cabeza cuenta sobre un cliente habitual de la cantina, llegó aquel día pidiendo a sus amigos unos pesos para llevar a su hijo enfermo con el doctor. Pero aquellos bribones encontraron en la desgracia de su compañero, un motivo para seguirse divirtiendo, uno de ellos le dijo: -No tenemos ni un peso, pero le comparto un secreto. Dicen que si monta al caballo negro que corre por la loma y logra domarlo, lo llevará a la cueva de su antiguo amo, que está llena de oro. Y puede agarrar lo que quiera para su chamaco-.

Por supuesto aquello era mentira, lo habían inventado en ese momento, para burlarse de su amigo. Pero el otro andaba tan desesperado que se enfiló a la loma, y sobre la rama de un árbol, esperó al caballo y se dejó caer sobre él. Con tanto relinchido y movimiento, la cabeza del hombre quedó colgada en aquella misma rama y su sangre cubrió completo los ojos del animal. La bestia emprendió la carrera, con el cuerpo del hombre a cuestas, sus manos habían quedado bien sujetas al pelaje y en unos segundos ambos cayeron por el despeñadero. Hombre y bestia estaban ahora unidos por un lazo de sangre y muerte, no se sabía cuál era uno y cual el otro.

La sangre corría como un rio salvaje, haciendo grietas en la tierra seca, que la succionaba como si estuviera sedienta, se llenó de burbujas y en un momento comenzó a arder, entre el fuego intenso, ambos cuerpos fueron tragados por la tierra.

Los sujetos no hablaron de lo sucedido a nadie, pero; en el amanecer de cada siguiente día, encontraron sobre alguna puerta la quemadura de una herradura.

La séptima noche después de lo ocurrido, entre las rocas de la cañada, un eco insistente les crispaba los nervios. Parecían cascos de caballo, que avanzaba a trote lento, dando tiempo a que todos lo escucharan, alcanzaron a divisar a lo lejos, una bola de fuego que bajaba por la loma, así que todos se fueron a refugiar a sus casas. Desde alguna pequeña grieta entre las paredes, los mirones vieron un inmenso caballo negro, cuyas patas y crin eran solamente llamas y exhalaba fuego… obedecía las ordenes de un jinete sin cabeza, que lo llevó a través de todas las puertas marcadas, y salieron cargando seis cabezas, con las que luego alimentó a la gran bestia, dejando atrás solamente los cuerpos calcinados de los impertinentes bromistas.

Dicen desde entonces en aquel pueblo: “Quien no tenga intención de ayudar a un alma en desgracia, será decapitado por el jinete sin cabeza y su cuerpo convertido en cenizas por el fuego del infierno, que el caballo negro lleva consigo”.

El Vestido de Novia

Leyendas Mexicanas

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Los años 40´s, en cualquier parte del mundo, las mujeres aun no tenían la voz y el voto que el día de hoy tienen todas las damas, lo que hacia que fueran sujetas a muchas penurias, primero de parte de los padres, que casi las vendían con dote o buscaban fervientemente como acomodar a las hijas que se rezagaban en el matrimonio.

Tal fue el caso de Beatriz Zepeda, una mujer simple, que no tenia otra aspiración que la de casarse de blanco y el novio que ella tenia, que no era mas que un pobre diablo, si oficio ni beneficio, nada mas no se le veían aspiraciones en la vida, con lo que los padres tuvieron que entrar en escena, consiguiendo partido, con un dote, para que la hija menos agraciada, por fin se casara.

Beatriz comprendía, que ella no se mandaba sola, así que acepto todo lo que sus padres le impusieron, con lo que al paso del tiempo, llegaron con un caballero distinguido y el cual se notaba que estaba interesado por ella.

Se comprometieron, pero lo padres tuvieron la mala fortuna de creer en el individuo, con lo que le dieron el dote, y a su hija le compraron el mejor vestido de novia, que el dinero podía comprar en esas fechas.

Todo estaba listo, y la fecha de la boda llego, los invitados llegaron, los familiares tambien, el único ausente fue el novio, que había escapado desde el mismo día, en el que le liberaron la dote.

Beatriz, llorando se encerró en su cuarto, con su mismo vestido de novia, se colgó de una de las vigas de su recamara, y dio fin al tormento de vida que tenia, aun cuentan que en esa casa por las noches, se ve el vestido de novia, saliendo por la que fuera la ventana de Beatriz y un lamento que cualquiera que lo escuchara, salia corriendo del lugar.

El callejón del Muerto

Leyendas Mexicanas

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En el año 1600 el español Tristán de Alzúcer, se estableció en la Ciudad de México para abrir una abarrotería, aquí el arzobispo fray García de Santa María Mendoza solía visitarlo con frecuencia para conversar, habiendo encontrado en común que ambos eran originarios de la misma localidad. La abarrotería prosperó y Tristán de Alzúcer envió a su hijo a buscar mercaderías en la ciudad de Veracruz para ampliar la variedad de mercancías ofrecidas en la tienda.

En las costas del sureste, lejos de su padre, el hijo contrajo una enfermedad mortal de tal gravedad que le impidió su regreso a la Ciudad de México. Tristán de Alzúcer le prometió a la Virgen que caminaría hasta el santuario del cerrito, si hacía caso de sus ruegos y le devolvía a su hijo vivo. Unas semanas después su hijo regresó débil y convaleciente, obteniendo ya lo que quería con el paso del tiempo, Tristán olvidó su promesa hacia la Virgen, se dedicó al negocio que prosperaba próspero.

Al recordar que no había cumplido su promesa sintió remordimientos y visitó a su amigo el arzobispo para comentarle sobre su promesa, el arzobispo le afirmó que con un rezo bastaba, lo eximió de su promesa y Don Tristán aliviado la olvidó.

Cierto día por la mañana, el arzobispo se encontraba caminando por la Calle de La Misericordia cuando se topó con Don Tristán quien estaba algo pálido y demacrado, llevaba puesto un sudario blanco, cargando una vela encendida, le dijo con voz tenebrosa que estaba cumpliendo la promesa.

Extrañado el arzobispo, fue por la noche a casa de Tristán para pedirle una explicación y encontró su cadáver que estaba siendo velado por su hijo, el cuerpo del difunto vestía las mismas ropas con las que el arzobispo lo vio por la mañana. El hijo le comentó que su padre había muerto al amanecer.

Se dice que el arzobispo se había topado con el espíritu de su amigo, quien se manifestó para cumplir la promesa y sintió remordimientos por eximirlo de ella.

Después de varios años el alma de Tristán siguió deambulando por la calle de la Misericordia que desde el incidente del arzobispo la gente lo llamó El callejón del Muerto y siglos después se le renombró calle República Dominicana.

Cerro de la Bufa

Leyendas Mexicanas

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Se dice que el Cerro de la Bufa, Zacatecas, guarda dentro un inmenso tesoro, conformado por una larga escalinata de mármol, que conduce a un bellísimo palacio, con pisos de plata y muros de oro. La iluminación se produce solamente por el intenso brillo de piedras preciosas que cuelgan por todas partes. Aquel que quiera ser el dueño de tales virtudes, debe pasar una serie de pruebas impuestas por una bella mujer…

Hasta este momento todo parece muy bello, una vida llena de inmersa fortuna y la compañía de una impresionante mujer para el afortunado, pero las cosas no puede ser tan sencillas; hay aparte una serie de hechos que convierten este relato en una verdadera leyenda de terror que ha asustado a la gente por siglos, razón por la cual, pocos se han atrevido a buscar dichas riquezas.

La existencia del tesoro es algo que no muchos han puesto en duda, ya que en los registros de la historia, consta que en 1546 se descubrió al pie del cerro mucha plata. Con respecto a la mujer, se dice que es una princesa encantada que se aparece en lo más alto del cerro, solamente una vez al año, durante la fiesta del pueblo. Esta muchacha espera a que pase por la vereda algún hombre, después le pide que la lleve en brazos hasta el altar mayor de lo que hoy es la Basílica de Zacatecas.

Debido a la gran hermosura que ella proyecta es difícil que alguien se niegue a su petición, además, les promete revelar información sobre la ciudad encantada que descansa bajo el cerro. Además de cargarla, pone como condición no voltear hacia atrás sin importar los sonidos que se escuchen.

Mientras van en camino, el ambiente se llena de ruidos raros, voces llamando al hombre por su nombre, susurrando palabras de muerte, rugidos de animales conocidos y fieras extrañas, todo un enjambre demoniaco emitiendo lamentos y quejidos…

El miedo poco a poco invade su corazón, las piernas pierden sus fuerzas, se dificulta la respiración, se sabe rodeado, acechado, vigilado, probablemente cazado, y no puede resistir más, voltea su cabeza y la muchacha que lleva en sus brazos se transforma en una horrible serpiente y todo termina…

En los cuatro siglos que tiene de existencia Zacatecas, no hubo valiente, que soportara traer el infierno a sus espaldas, todos ellos voltearon a verlo, y hasta ahí llegaron, la princesa sigue apareciendo y el tesoro esperando.

Carretón de San Pascualito

Leyendas Mexicanas

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La leyenda inicia más o menos por el 1800, por las calles empedradas de la ciudad de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Entre los pobladores zoques.

Cuando rompiendo el eco nocturno. Se escuchó una vieja carreta acercándose por las angostas calles raspando las paredes. Los cascos de los caballos sonaban contra el empedrado, y las gastadas ruedas en el bote del desplace, hacían crujir la madera del carretón. Pasaba tan cerca que se escuchaban las cadenas moviéndose al paso de las bestias. Trayendo consigo un viento frio y sepulcral, que invadía las casas al pasar.

Se creía de procedencia maligna, por eso nadie se atrevía a mirar, pues los más viejos decían desde siempre, que al maligno jamás se le debe ver.

Seguidamente se le vinculó con San Pascualito Rey, al descubrir que la carreta, se detiene en la casa de algún moribundo, que a los pocos minutos fallece y el carretón se retira luego llevando a aquellas personas que han de partir a la otra vida.

La carreta de San Pascual, parte del lugar donde se encuentra su imagen de madera, camina por las oscuras calles, rechinando; torturando a los familiares de algún enfermo, que oran para que el Santo, no se detenga en su casa. Los curiosos se asoman por las ventanas, a pesar de que basta solo una mirada del monje esquelético, para llevar a los espíritus sobre la carreta, dejando atrás un cuerpo inmóvil. Ese es el peregrinar de aquella entidad, llevándose a los desahuciados por una muerte tranquila, hasta regresar al lugar de donde partió.

En Tuxtla existe un templo ortodoxo dedicado a la veneración de San Pascual, conocido como “El templo de San Pascualito”, cuyos restos se encuentran en un ataúd, colocado atrás del altar y al que conduce una escalera doble. Algunos de sus ritos consisten en barrer el cuerpo con albahaca y veladoras.

Los enfermos zoques acuden a esta mágica terapia ¡San Pacual, quita el mal o da la muerte!…